La investigación

Marina abrió el sobre con ansiedad. Llevaba un mes esperando el resultado de la investigación y ahora averiguaría quién era “la otra”, esa rubia por la que Antonio la había cambiado, a pesar de que lo había negado infinidad de veces.

Marina tenía claro que su marido llevaba tiempo engañándola con otra mujer. Su conducta había cambiado, estaba distante, esquivo, y muchas veces lo sorprendía perdido en sus pensamientos mientras miraba el móvil sin ver nada en concreto, como si tuviera algo guardado que quería explicar pero no se atrevía. Marina sabía que estaba ocultando algo y lo iba a descubrir, menuda era ella.

Rasgó el sobre tras sentarse ante la mesa de la cocina y comenzó a leer:

Informe del sujeto Antonio P. J. encargado por su esposa, Marina P. O.

El sujeto tiene establecida una rutina los días laborables que se diferencia de forma clara de la del fin de semana.

De lunes a viernes, el sujeto sale de casa a las 8:00 horas de la mañana, hace una parada en el bar “El Rincón”, situado a 10 metros de su lugar de trabajo, donde se toma siempre un cortado regado con un chorrito de coñac. Después acude a su lugar de trabajo, al que entra de forma puntual, sin regalar un solo minuto de su horario laboral.

Al finalizar la jornada, siempre a las 17:30 horas en punto, el sujeto viaja en taxi hasta la parte trasera del local de fiestas “Loca tú”, situado en la calle Vida Alegre, número 22. Allí permanece durante dos horas y después se dirige a casa, llegando siempre alrededor de las 20:00 horas.

Este investigador ha averiguado que durante las dos horas que permanece en el local, el sujeto realiza ensayos de canto y baile junto a otro grupo de hombres que nunca es inferior a tres, aunque los individuos van variando.

¿Canto y baile? Pero, ¿qué significaba eso? Antonio era el hombre más soso que te podías echar a la cara, pensó Marina. No entendía nada. ¿Era posible que el investigador se hubiera equivocado de hombre?

Marina siguió leyendo:

Los fines de semana, el sujeto tiene establecida una rutina diferente. Los sábados llega a “Loca tú” a las 18:00 horas. Se instala en un camerino común junto a los individuos con los que ha estado ensayando durante la semana y comienza un ritual de maquillaje, peluquería y vestuario para transformarse en Divina Jane, una drac queen que goza de gran prestigio en el local por sus actuaciones musicales. Su show siempre se realiza a las 23:00 horas, el momento con mayor número de clientela en el local ya que ha logrado convertirse en la estrella del espectáculo, y en muchas de sus actuaciones se acompaña de otras dracs que han ensayado durante la semana con él.

Divina Jane consigue llenar el local cada sábado desde hace unos seis meses, fecha que coincide con el inicio de sus actuaciones en “Loca tú”.

Los domingos, el sujeto permanece en casa.

Marina no podía cerrar la boca. Los ojos estaban a punto de saltar de su cara. La sangre se le había congelado. Estaba en shoc, sin capacidad de reacción, sin creer una palabra de lo que estaba leyendo. Pero todo era real, la siguiente página del informe estaba llena de fotografías de su marido transformado en una mujer despampanante, con una increíble melena rubia y un mínimo vestido rojo Chanel de lentejuelas ajustado a un cuerpo con unas formas que ella no reconocía. El look lo completaban unas botas negras por encima de las rodillas acabadas en unas plataformas de más de diez centímetros.

Anonadada, comprendió que los cabellos rubios que había encontrado en más de una ocasión en las camisas de Antonio no eran de otra mujer, sino del propio Antonio. Su marido era el protagonista de una vida de la que ella no formaba parte.

Sergio

Como cada tarde, Ana corta un pedazo de pan de barra recién horneada, crujiente, y lo unta con delicadeza de Nocilla, es la merienda preferida del pequeño Sergio.

Lo envuelve en papel de cocina, no le gusta utilizar papel de aluminio porque ha escuchado que es malo para el medio ambiente y piensa que la naturaleza ya tiene suficiente con soportar al ser humano y todas las agresiones que le provocamos.

Espera a que salgan los niños del colegio, le gusta verlos alborotados entre risas, gritos y algún llanto desconsolado signo del agotamiento infantil que se respira después de una intensa jornada escolar. Y después va al parque, una parada irrenunciable que sabe le supondrá un mínimo de una hora.

Allí observa con atención a los pequeños disfrutando de los toboganes. Alguna madre corre a socorrer a un niño de unos dos años que ha entrado en pánico al llegar a lo más alto y no se atreve a deslizarse mientras el resto hace cola en las escaleras.

Otros disfrutan en los columpios, subir y bajar casi en estado de ingravidez con el estómago revuelto y a velocidad constante. “Debe ser cosa de la física”, piensa Ana y sonríe.

Ante su mirada pasa otra madre que le hace cambiar el foco de atención. Va detrás de una niña rubia con dos coletas altas que ondean al viento como dos pequeños látigos alrededor de su cabecita dorada. La madre tiene un plátano en la mano y la niña huye de su merienda como si la estuviera amenazando, su risa es contagiosa.

Ese parque es el único lugar en el que Ana consigue ser feliz durante un instante. Puede ver la risa de Sergio reflejada en las caras de los niños, sus ojos llenos de vida de nuevo y la ilusión por alcanzar nuevas hazañas cuando logra escalar la pequeña pirámide de madera. Sergio sigue viviendo en cada uno de ellos, y Ana logra dibujar una tímida sonrisa bajo la dichosa mascarilla. Busca el bocadillo de Nocilla en su bolso, le da un mordisco y piensa que su pequeño tenía razón: es la mejor merienda.

La señal

Pido que me llegue una señal para saber que estoy haciendo lo correcto, que la única decisión que tomaré será la acertada.

Hace tiempo que pienso en hacerlo, pero siempre invento una excusa para posponerlo. Así que de hoy no pasa, aunque solo lo haré si recibo esa señal que espero.

¿Cómo me llegará? No lo sé, eso lo dejo a quien se encargue de hacernos llegar sus designios…

Quizás esa canción que ha comenzado a sonar en la radio y que me dice Do it, hazlo. ¿Es lo que espero?

Decido que sí, que ha llegado el momento. Me visto despacio y no olvido la camiseta de manga corta. Camino decidido a llegar cuanto antes a mi destino. Solo un pinchazo y todo estará hecho, un pinchazo que será el principio del fin.

—Señor Rodríguez, es el siguiente para la vacuna.