Relato de la semana: Jugueticidio

Ring, ring…

Mario está profundamente dormido y en su sueño parece escuchar de lejos un teléfono.

Ring, ring…

Despierta sobresaltado al entender que en realidad está sonando el teléfono que tiene en la mesita de noche. Raquel, a su lado, sigue roncando.

—¿Sí? —contesta confundido. El reloj digital de la mesita marca las 2:43.

—¿Mario Jones? —le pregunta una voz masculina al otro lado.

—Sí, soy yo. —Mario carraspea. Su voz sigue estando dormida.

—Su hija Lúa está en comisaría. Ha sido detenida por jugueticidio.

—¿Lúa? ¡Pero qué dice! —intenta no elevar la voz. Raquel sigue durmiendo. —Lúa está en su habitación. Oiga, si esto es una broma, no tiene ninguna gracia.

—Le repito. Su hija Lúa está detenida. Debe venir para que podamos tomarle declaración —sigue insistiendo la voz del teléfono.

—Joaquín, ¿eres tú? Mira que esto no tiene ni puñetera gracia, tío.

—Le espero en comisaría en media hora. Su hija está encerrada en el calabozo. —Mario oye cómo su interlocutor cuelga el teléfono y se queda mirando el aparato incrédulo.

Con los nervios en el cuerpo, se acerca a la habitación de Lúa para comprobar que su pequeña está dormida y que todo es fruto de la cabeza trastornada de su amigo, pero no. Lúa no está en su cama. En el suelo, su pequeño oso de trapo tiene la cabeza desgarrada y la espuma del cuerpo está amontonada formando lo que parece una pequeña nube de algodón.

Mario no entiende nada. Se lleva las manos al pelo y comienza a asimilar que su pequeña de tres años está en comisaría. Pero, ¿cómo?

Vuelve a su cama para despertar a Raquel. A ver ahora cómo le explica que Lúa está detenida… Quince minutos después, los dos entran en la comisaría del distrito preguntando desesperados por su pequeña. Les atiende en su despacho el comisario Rodríguez, «único experto en jugueticicios del país», les comenta. Mario y Raquel sienten que están dentro de una pesadilla de la que no pueden despertar.

—Su hija ha asesinado a su oso de peluche —les está explicando el comisario. Tiene cara de pocos amigos. Abre un dosier marrón y les enseña las fotos del oso, tal cual lo ha visto Mario hace tan solo unos minutos, tirado en el suelo de la habitación de su pequeña.

—Oiga —interrumpe Raquel. Mario piensa que es mejor no hacerla enfadar más de lo que está. El comisario está jugando con fuego. —No puede detener a mi niña por un oso de peluche. ¿Está usted loco? ¡Qué tiene 3 años, por dios! —Raquel ya está completamente fuera de sí.

—Su hija no puede ir asesinando juguetes. Es un delito penal. —El comisario sigue muy, muy serio.

—¿Y cómo se han llevado a Lúa de casa? Estaba dormida en su habitación… ¿y cómo han hecho esas fotos? Ustedes sí que han cometido un delito —increpa Raquel levantándose de su silla. Sus manos están apoyadas en la mesa del comisario. Los dedos agarran tan fuerte el borde del mueble que parece que va a romper la madera. —Le exijo que me devuelva a mi hija ahora mismo.

—Señora, en un momento verá a su hija. —Parece que el comisario rebaja un poco el tono. Mario piensa que quizás está acostumbrado a enfrentarse a madres muy, muy tensas.

Les interrumpen unos leves toques en la puerta del despacho.

—Adelante —ordena Rodríguez.

Y entra una policía con la pequeña Lúa en brazos. Tiene la cabeza apoyada en su hombro. Está dormida. Su cara manchada por haber llorado. Raquel sale disparada a por su pequeña y casi arranca a Lúa de los brazos de la policía.

—No se preocupe —le dice— su hija está bien. Solo está cansada.

—¿Mamá? —Lúa comienza a hablar sin despertar del todo. Ahora está más relajada en los brazos de Raquel. —Mamá… Roque ha querido matarme, tenía un cuchillo y he tenido que arrancarle la cabeza…

Todos miran sorprendidos a la pequeña, que sigue durmiendo en los brazos de su madre.

—¿Entonces ha sido el oso el que ha intentado matar a la pequeña? —dice el comisario—. Esto cambia las cosas. Lúa ha actuado en defensa propia. Pueden irse a casa.

Mario y Raquel se miran sin entender nada, pero deciden marcharse de allí enseguida, no vaya a ser que el comisario cambie de idea…

¿Qué hay en mi escritorio?

Aroma de letras nació en el verano de 2020, ese año tan especial para todo el planeta. Significó un punto de inflexión, un espacio para reflexionar, para poner letras escritas a emociones, sentimientos y aventuras.

Al principio sólo fue una cuenta en Instagram de frases y microrrelatos pero, poco a poco, se convirtió en el cajón en el que cabían multitud de ideas. Comenzaron a aparecer historias, personajes y lugares que querían ser protagonistas de su propia vida… y aquí estamos para hacerlos realidad.