Esta mañana me sabe a sal y café. Me sabe a verano. Porque el verano es agosto y solo dura los pocos días en los que existen las vacaciones.
Porque agosto es olvidarte del reloj, de las prisas, de las obligaciones, de madrugar, de reuniones, de imposiciones… Agosto son amaneceres a media mañana y desayunos que saben a merienda. Agosto es vermut con olivas y amigos y risas. Agosto son días infinitos y noches interminables. Agosto es vida, relax, música, mar y abrazar momentos. Es perder el tiempo a voluntad, decidir que todo está hecho o que no hay nada por hacer. Son siestas repletas de pereza y a-mar y bailar hasta que las estrellas nos caigan encima. Es caminar descalza por la orilla del mar, o por la hierba, o por casa… sin prisas.
¿Podría ser agosto todo el año? Podría. Pero perdería su sentido.

Agosto es tan deseado que se nos escurre entre los dedos intentando atraparlo. No te vayas todavía… Solo es tu primer día y ya veo cómo te marchas.
Entonces pienso, ¿qué sería de mí sin agosto? ¿Sin los veranos eternos en el pueblo? ¿Sin los baños helados en la fuente junto a mis primos? ¿Sin el canto de las cigarras anunciando un calor insoportable? Porque agosto también es recuerdos, historia, familia, viajes y leer. Tanto por hacer, tan poco tiempo.
Este año mi agosto va a ser lento, como una película en blanco y negro, como aquellas canciones que duraban más de tres minutos, como los bailes abrazados que robaban besos a sus versos, como el café que olvidas hasta que se enfría.
Quiero mimar a agosto, no estrujarlo. Vivir con rapidez lo hacemos todo el año, estamos obligados a ello. Por eso quiero paladear estos días, saborearlos, absorber su aroma, disfrutarlos y soñar con cada segundo perdido porque significa que es un momento ganado.
¿Has pensado qué sería de ti sin agosto?




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