Hace tiempo que no escribo. Hace tiempo que no aparezco en redes. Hace tiempo que desconecté para reconectar.
Miedo. Ahora me da miedo la página en blanco. Miedo a unir palabras sin sentido, a que no me representen, a que no duelan, a no identificarme en ellas. Miedo a perder la esencia, la voz. Miedo a no ser yo.
Espero el café en un bar mientras me atrevo con estas líneas, un primer intento de sacar la cabeza del agua y coger una bocanada de oxígeno. Miedo a no significar nada, a no llegar. A no llegarme. A no reconocerme.
Porque esto es para mí.
Miedo a no saberme a la altura, a esa que yo misma me marqué en la mente con una tiza que se convirtió en imborrable sin saber qué día ocurrió.
El café llega demasiado caliente, igual que el aire que respiro con dificultad. Ahoga. Aturde. Adormece.
Espero.
Escribo sin objetivo, sin intención de llegar al final del camino. Escribo para perder el miedo a volver a hacerlo. Escribo porque hoy me han pedido otro de mis relatos.
¿Cómo hacer que este instante cobre sentido? No lo sé. Quizás esa es la respuesta. La incertidumbre es la cara amable del miedo que me invade.
Ahora los dedos vuelan sobre el teclado pero la mente sigue ralentizada. El camino es oscuro a pesar de que me obliga a entornar los ojos para resguardarme del sol intenso de media mañana.
¿Podré volver a escribir? ¿Podré encontrar de nuevo el sentido? ¿Seguiré creando excusas para mentirme?
Letras. Negro sobre blanco. Infinidad de querer hacer y no encontrar el momento por no haberlo buscado con empeño. Quiero llegar de nuevo a la esencia y superar los recovecos oscuros de este camino que se ha torcido y retorcido hasta casi doler. Casi, ahí está el error. Si sangra y duele al final sana. Si se queda en el casi puede seguir doliendo.
Regresa el miedo a no ser suficiente, a que algún pensamiento furtivo me repita que no valió la pena, que esas historias no deben ver la luz. Miedo a perder el poder sobre la mente saboteadora.
Entrenar. Debo volver a entrenar para lograr de nuevo el ritmo, el sentido, la creatividad. Si entrenas con regularidad desaparecen las agujetas, también las mentales.
¿Cuántos metros puedo correr en seis minutos? ¿Cuántas historias soy capaz de inventar? ¿Cuando me obligaré a regresar al teclado?
Preguntas sin respuesta. Sabotaje (autosabotaje) en modo on.
Sigo a la espera de que el café se enfríe. De que la mente se calme. De que regrese la intención, las ganas, la esperanza… lo primero que quiera aparecer.
Sigo a la espera de que el miedo desaparezca y sé que solo lo conseguiré cuando decida enfrentarlo.
Elijo a Audrey Hepburn porque sosiega mis miedos
Foto Pinterest



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