Queridos Reyes Magos.
Llueve.
Llueve y hace frío.
Es invierno, lo sé. Y el invierno debe ser así, frío por fuera para que el calor llegue dentro, para recogernos.
Hace años —siglos quizás— que no os escribo. Ay, la inocencia perdida. Y no quiero pedir nada para mí… o quizás sí: que no surjan más heridas ajenas, total por pedir.
Haced magia de la buena para que esas heridas dejen de existir. Haced magia para crear unicornios, hadas y nubes rosas sobre las que bailar. Haced magia para que brille el sol sin que nos falte el agua. Haced magia para que los golpes sean al aire y no contra la piel. Haced magia, por favor.
Quiero volver a creer y que la magia exista.
Quiero dos Reyes Magos, os espero con leche y galletas. También con el corazón abierto.



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