La vida sigue adelante

La vida sigue adelante

Mandy caminaba descalza por el estudio, siempre lo hacía sin importar la temperatura. A pesar del frío, unos simples calcetines de corazones eran suficientes. 

Abrió la ventana para respirar aire limpio, fresco. Aire que se llevara todo el dolor que la invadía. Se asomó a contemplar la calle por la que no se veía a nadie paseando, cómo iban a hacerlo con el aguacero que caía desde la noche anterior. El día gris y plomizo solo invitaba a regresar a la cama y refugiarse bajo una manta y Mandy lo hubiera hecho encantada, pero no quería perderse más en su tristeza. Sacó la mano para sentir el agua en la palma. También estaba fría, como su corazón helado.

Mandy sacudió la cabeza negando una y otra vez, no podía ser cierto, no podía estar pasándole a ella, era imposible. Pensaba que ya no importaba ser buena o mala persona porque la vida guardaba los golpes para cuando más daño pudieran hacer.

Recogió la mano mojada y no se percató de que su rostro estaba igual, inundado por las lágrimas que escapaban sin control de sus preciosos ojos oscuros.

Encendió una pequeña lámpara para conseguir algo de luz y se dirigió despacio al caballete. Estaba decidida a volcar toda su frustración y dolor en el lienzo blanco que había preparado minutos antes, justo después de tomar el primer café de la mañana, una mañana que intuía larga y en la que necesitaría mucha cafeína, así que había dejado lista la cafetera grande.

Estaba decidida a volcar toda su frustración y dolor sobre el lienzo blanco.
Estaba decidida a volcar toda su frustración y dolor sobre el lienzo blanco.
Photo by Burst on Pexels.com

Se sentó en el taburete, apoyando el pie izquierdo en el reposapiés y manteniendo el derecho firme en el suelo. Agarró la paleta y el pincel más grueso y pensó en cómo hacerlo, en qué color utilizar. El lienzo blanco esperaba sabiendo que sería el depositario de su ira.

Rojo, seguro que utilizaría el rojo, pero también el amarillo y el naranja, además del negro. Al mirar la paleta distinguió un pequeño charco formado por sus lágrimas y fue consciente de que hacía rato que lloraba. Se giró hacia la ventana que había dejado abierta, la lluvia seguía cayendo con intensidad.

Mandy sabía que estaba rota de dolor, pero no permitiría que acabara con ella, con su creatividad, con sus ilusiones, con el sueño de toda una vida.

Pasó el brazo por la cara y se secó la tristeza con la manga de su camisa de cuadros azules, la que siempre se ponía para pintar junto a un pantalón de chándal que esa mañana había decidido dejar olvidado sobre la cama.

¿Por qué tenía que doler tanto? ¿Por qué no podía pasar página? Lo sabía, era consciente desde hacía tiempo que él no valía la pena, ya la habían avisado cuando comenzaron a salir, pero no quiso escuchar. Y ahí estaba el resultado: seguro que justo en ese momento estaría en la cama con otra mientras ella intentaba coser su corazón a pinceladas.

No. No valía la pena llorar por alguien que no la merecía, que no la valoraba, que no la apreciaba. Mandy había luchado por su relación, se había volcado, se había derramado en cada suspiro vertido en su cuello. Pero comprendió que él solo había jugado con ella y con sus sentimientos.

No estaba dispuesta a seguir escuchando el soliloquio de sus pensamientos.
No estaba dispuesta a seguir escuchando el soliloquio de sus pensamientos.
Photo by Taryn Elliott on Pexels.com

Volvió a negar con la cabeza, no estaba dispuesta a seguir escuchando el soliloquio de sus pensamientos que ya le estaban provocando dolor de cabeza y la obligarían a ir a por otro café. Hacía rato que ya no percibía el aroma amargo de la bebida que había dejado enfriar junto a ella. Por la ventana seguía entrando el aire fresco y el sonido insistente de la lluvia.

De repente, le asaltó una idea. El lienzo que tenía ante ella se quedaba pequeño para albergar sus sentimientos, necesitaba algo más grande, mucho más grande, así que extendió tela blanca por el suelo, la enmarcó con cinta de carrocero para que no se moviera y alcanzó los botes grandes de pintura. Dejó a un lado el atril, la paleta y los pinceles y derribó de una patada el color negro inundando el lienzo que acababa de improvisar. Se quitó los calcetines y caminó sobre la pintura sintiendo el frío, el dolor, la ira. Gritó. Alzó las manos hacia el cielo y gritó más fuerte. Mientras extendía el negro por todo el papel destapó el rojo y con furia lo lanzo también sobre la tela. Se agachó para sentirlo en las manos, para crear trazos irreverentes como si la sangre se hubiera derramado sobre la oscuridad. Ahí estaba su dolor, su frustración, el engaño y la manipulación que sentía. La lluvia caía más fuerte y se derramaba por la pared sin que a Mandy le importara, ella también estaba inundando su creación con las lágrimas a las que, al fin, había dado permiso para salir a rienda suelta.

Tras los colores más intensos decidió impregnar la creación de luz, de fuerza, de sutileza y de sanación. Buscó el pincel más grande y al tenerlo en las manos vio que no le serviría, necesitaba algo más, así que se decidió por una brocha. La introdujo en el color amarillo y la sacudió sobre la tela. De repente pudo respirar. Permaneció de pie sobre el lienzo y observó lo que acababa de crear, miró sus pies negros, sus manos rojas y los hilos dorados sobre ellos. Tenía las piernas y la camisa de cuadros salpicadas de colores que le acababan de devolver la vida y entendió que el dolor se supera, que la luz vuelve a aparecer y que antes que amar a alguien hay que amarse una misma.

Meses después, Mandy expuso su creación en una galería de arte de aquella ciudad en la que ya no llovía, en la que el sol la acariciaba con suavidad para hacerle entender que, a pesar de todo, la vida seguía adelante.  

Leiva y Zahara – Stranger Things

2 respuestas a “La vida sigue adelante”

  1. Brutal!!como lo describes… muy visual. Bravo!!!

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    1. Gracias, Fran. La verdad es que he intentado hacerlo muy visual y me encanta que me lo digas. Mil gracias ☺️

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