El termómetro de Paquita

El termómetro de Paquita es un relato lleno de recuerdos guardados en un diario.

Paquita encontró el viejo diario en una caja de cartón olvidada en el desván. Estaba algo roída por los ratones que corrían y que escuchaba noche tras noche desde su habitación mientras dejaba pasar las horas simulando dormir a pierna suelta para que su hija, Valentina, no sospechara que hacía años que le costaba descansar. Aunque, si lo pensaba bien, Paquita sabía que Valentina también sabía pero disimulaba mejor que ella. Lo veía en su gran sonrisa siempre que le decía: 

—Mamá, ¿otra vez echando la siesta con la tele encendida?

—Hija, ya sabes que no duermo. Lo que hago es descansar los ojos un ratico.

Y Valentina la arropaba con la manta mientras dibujaba la misma sonrisa que tenía su padre cada vez que miraba embelesado a Paquita.

¡Ay, aquellos años! ¡Ay, aquella sonrisa! ¡Ay, su Joaquín!, pensaba Paquita cada vez que veía a su marido reflejado en la cara de su hija.

Las páginas amarillentas del diario de Paquita guardan sus mayores recuerdos.

Ahora lo encontraba guardado en las páginas amarillentas de su viejo diario, aquel que escribía a escondidas con un lápiz que conservaba como el mayor de sus tesoros cuando solo era una joven adolescente enamoradiza. En aquellas páginas también se escondían Manuel, el niño de rizos dorados que veía cada mañana cuando se acercaba al río a lavar la ropa mientras él guiaba la mula cargada con cántaros para recoger el agua que necesitaban en casa para pasar el día. En el termómetro interno de Paquita, Manuel solo representó un cuatro porque pronto entendió que aquello no era amor. Eran dos críos jugando a querer ser mayores entre algún beso robado en la orilla.

Paquita siguió pasando las páginas de su diario. Hablaba de sus padres, de sus amigas, de cuando se escondían por los caminos para no ir al colegio y el párroco las reñía por sus travesuras y de Miguel. El moreno Miguel que le robaba el sueño por las noches y que consiguió un índice más elevado en su termómetro personal. Paquita dormía pensando en sus ojos oscuros, en cómo la miraba en las fiestas del pueblo, en cómo sus amigas le decían que tenían que hacerse novios porque «eran perfectos el uno para el otro». Pero algo en el interior de Paquita le indicaba que tuviera cuidado, que esos ojos oscuros no escondían nada bueno. 

Antes de seguir indagando en los recuerdos, se sentó cansada en una mecedora vieja, más vieja que ella y cubierta de polvo que vivía olvidada en el desván, y releyó una de las páginas de su diario en la que hablaba de las dudas de una joven Paquita a la que se le erizaba la piel cuando Miguel la miraba. «No sé, pero hay algo que no me gusta… Aunque de Miguel me gusta todo, menos cuando me mira fijamente».

Con el tiempo descubrió que su intuición no la había engañado y Miguel no fue un buen marido para Margarita ni un buen padre para Rosa y Juan, que padecieron años de golpes y maltratos hasta que la desgracia (o la fortuna, pensaba Paquita) hizo que un coche acabara con su vida cuando caminaba borracho por la carretera. 

Paquita seguía pasando páginas y recordando a su Joaquín. El día que lo vio por primera vez y le robó un beso en el baile de las fiestas del pueblo. Cuando la agarró por la cintura y le dijo al oído la frase que no olvidaría jamás: «Guarda mi corazón junto al tuyo porque ha dejado de pertenecerme». En aquel momento el termómetro de Paquita se rompió, no había temperatura capaz de guardar el calor, la emoción y los sentimientos que despertaron en ella.

«Guarda mi corazón junto al tuyo porque ha dejado de pertenecerme»

La sonrisa de Joaquín la atrapó. Sus brazos fuertes y ese fino bigote que definían unos labios que no dejaban de sonreír mientras la miraba con sus ojos verdes. Su cabello moreno recortado y ese porte de galán que intentaba imitar a famosos como Clark Gable o Cary Grant. Pero Joaquín, su Joaquín, no necesitaba imitar. Sincero, risueño y trabajador consiguió que el padre de Paquita lo aceptara en la familia y permitiera que su hija se “pusiera novia» con él, como decían en el pueblo. 

Después llegó el amor de verdad, el que se lee en mayúsculas porque cala hasta el alma. El amor que se descubre entre caricias, roces y algún revolcón en el pajar. El amor que los llevó a crear su familia, a vivir en armonía, a tener dos hijos a los que habían criado con tanto amor como el que ellos se profesaban. 

Una lágrima compuesta por la tristeza y la felicidad del recuerdo a partes iguales deslizó por la cara de Paquita mientras cerraba los ojos y apretaba el diario contra su pecho intentando que Joaquín no escapara jamás de su corazón. Él, solo él. Joaquín había sido el único que la había comprendido, la había amado, la había respetado y la había hecho la mujer más feliz del mundo con lo poco que habían tenido. Porque ellos, Paquita y Joaquín no habían necesitado nada más que tenerse el uno al otro para saber que no querían nada más en la vida.

Paquita sonrió en la mecedora y encontró la página que buscaba: 

«¿Esto puede ser verdad? Joaquín me ha dicho que me ama tanto que jamás voy a poder devolverle el corazón que me entregó. Han pasado cuarenta y tres años y nos seguimos amando como el primer día. El baile, el beso y el termómetro que no tenía suficientes números para medir lo que me hizo sentir. Siento que en mi pecho siguen bailando su corazón y el mío juntos para siempre».

8 respuestas a “El termómetro de Paquita”

  1. Un relato maravilloso. Nostálgico, tierno y lleno de amor. Escribes demaravilla. Mar

    Me gusta

    1. Muchísimas gracias, Fran. Es un honor que siempre pases a leerme. De verdad que te lo agradezco de corazón.

      Me gusta

  2. Madremia como escribes,
    Pero muy mal,haces que se me salten las lagrimas,ahora en serio me gustan tus relatos es como si me metiera dentro de la historia,sigue así 😘😘

    Le gusta a 1 persona

    1. Ainssss muchísimas gracias por tus palabras. Me animan mucho a seguir creando estos relatos que, lo reconozco, intento que estén llenos de ternura.
      Gracias de corazón 😘

      Me gusta

  3. Mar no sabes lo bien que escribes y lo que transmiten tus palabras. Maravillosa.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchísimas gracias por tus palabras, Júpiter. Es un verdadero honor que pases a leerme y me dejes tu opinión, que valoro muchísimo 😘

      Me gusta

  4. Siempre sabiendo donde dejar cada palabra, cada frase convertida en un sentimiento más del maravilloso cuadro de colores que forman tus relatos. Eres maravillosa. Un seguidor que siempre lo será. Un abrazo, ESCRITORA !!!

    Le gusta a 1 persona

    1. “Escritora” todavía me veo tan grande esa palabra… Intento transmitir y creo que poco a poco voy mejorando. Tus palabras me ayudan mucho a seguir porque veo que llega todo lo que intento transmitir. Eres un amor, Raúl ♥️

      Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: