¿Cómo decir adiós a quién no conoces? ¿Cómo decir adiós a quién no tiene rostro, ni nombre, ni piel, ni sentidos? ¿Cómo decir adiós a un amor que pudo ser y no será jamás? ¿Cómo decir adiós?
Claudia escribía una y otra vez “cómo decir adiós” sin saber las palabras que debía poner a continuación. Porque aquellas palabras no existían, porque no sabía cómo dibujar una letra tras otra para explicar la pérdida, lo rota que se sentía, lo vacía y desangelada que se había quedado.
Sentía que debía despedirse pero no encontraba la forma de hacerlo. Quizás plantar un árbol, le dijeron, o encontrar un pequeño detalle que le permitiera sentir que seguía allí, con ella. Pero nada de eso la consolaba, nada podría suplir a la pérdida, al dolor.
Cerró su libreta. Apretó el botón del bolígrafo que escondía la punta con tinta negra y se levantó de la mesa en la que llevaba horas intentando responder a una sola pregunta: Cómo decir adiós.
Se acercó a la ventana para observar a los pequeños gorriones que saltaban de rama en rama con vuelos cortos. Ellos volaban. Ella estaba estancada.
Suspiró para darse ánimo, o no. Quizás solo suspiró para sentir cómo el aire llegaba hasta sus pulmones, cómo su pecho se movía en un acto reflejo. Volvió a sentir las lágrimas sobre su rostro, la mano inconsciente sobre su vientre.
Debía despedirse. Debía permitir que la herida dejara de sangrar. Debía aprender a decir adiós… Pero quizás lo haría mañana…



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