Nunca jamás

Dijiste que nunca jamás te comerías un bote gigante de helado sentada en el sofá mientras lloras por un tío. Porque nunca, jamás, llorarías por un tío.

 Y ahora mira, ahí juntando las lágrimas con las risas mientras ves por enésima vez Bridget Jones y se te acaban los kleenex de la caja que te ha acompañado toda la noche. Si Bridget es capaz de superar todos sus infortunios, tú «por qué no», piensas mientras sigues sonando mocos y limpiando lágrimas y comiendo chocolate derretido con cuchara sopera y soñando con tu Marc Darcy.

Dijiste que tú nunca jamás devorarías un bote de Nocilla como en las películas. Porque no hay nada más deprimente que pasarte el día en pijama o en bata o en pantuflas y con un moño mal hecho sin recordar si tu última ducha fue ayer o antesdeayer mientras él está con otra. «¿Por qué? ¿Por qué la vida es tan injusta?», dices mientras te llevas a la boca otra cucharada de cacao a tope de azúcar.

Dijiste que tú nunca jamás tendrías el salón lleno de bolsas de patatas, ganchitos y demás guarrerías deliciosas. Porque tú nunca, jamás, permitirías que te rompieran el corazón como en una tonta película romántica, porque tú eras fuerte, independiente y autosuficiente. Y mírate ahora, llorando a moco tendido como las protagonistas de las historias más ñoñas porque no le han dado el beso que les debía cambiar la vida.

Porque dijiste que tú nunca jamás te enamorarías así. Pero llegó ÉL. Y el «nunca jamás» se convirtió en mariposas, pies descalzos, piel de gallina y para siempres al oído. Fueron caricias, brisa marina y besos que se prometieron eternos. El «nunca jamás» se transformó en amor infinito, amor en mayúsculas, amor que todo lo puede.

Ahora lloras y ríes y comes chocolate como si fuera el remedio que todo lo cura, aunque sabes que no es así. Tu comedia romántica llegó. Tu comedia romántica acabó. Pero tu vida debe seguir y lo harás lejos de los quilos y quilos de azúcar que te acompañan desde hace días.

Porque, lo que de verdad importa es que has aprendido que nunca, jamás, hay que decir nunca jamás.

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