Sobre comienzos, enero y cumpleaños…

Cumpleaños

Para mí, enero siempre ha significado el comienzo, el principio, el inicio de todo. Quizás el haber nacido a principios de este mes me ha marcado siempre como el comienzo de la vida.

Para algunas personas es septiembre el mes que representa la vuelta a la rutina, el inicio de retos, proyectos, sueños… después de unos días de descanso. Pero para mí septiembre significa continuidad, el último impulso para llegar al final del año…

… Y enero, ese mes frío, de viento gélido, de abrigos gordos y bufandas que me calientan hasta el alma es para mí esa casilla de salida, esa línea a atravesar cuando suena el disparo para comenzar la carrera… esa carrera que tiene la meta de llegada en el 31 de diciembre.

Y quizás no me supone hacer nada nuevo, en realidad. Sigo mi día a día, mi rutina pero desde la perspectiva de un nuevo comienzo. Suena absurdo, lo sé.

Mi cumpleaños se convirtió en un día especial a partir de la adolescencia, cuando pude celebrarlo con mis amigas, y más tarde, cuando ya podíamos salir de fiesta hasta agotar las fuerzas. Esos cumpleaños que no eran más que otra excusa para bailar, reir y soñar a gritos hasta las tantas de la madrugada en una sala llena de gente, con música ensordecedora y sudando a pesar del frío exterior. Porque en esta vida he tenido la suerte de que mi mejor amiga también cumpla los años en enero… (Amiga, cómo te echo de menos en esta maldita pandemia).

Antes de todo eso, el cumpleaños no era nada especial. Dejó de serlo cuando comprendí, asimilé e interioricé la frase lapidaria pronunciada sin conocimiento del daño que puede causar en una niña: “Este regalo es para reyes y tu cumpleaños”… es lo malo de nacer un ocho de enero. Esa pequeña espina sigue clavada en mi corazón con el único objetivo de que no disfrute demasiado de “mi día”. Una herida que no se cierra nunca… a veces la noto sangrar un poco.

Afortunadamente el cumpleaños es solo un día más en el calendario… y no se vuelve a repetir hasta el año siguiente, así que tampoco es para tanto.

Con el tiempo, sin embargo, sí he entendido que cada año de más es un aprendizaje nuevo para seguir creciendo como persona. Sí, creciendo, a pesar de mis cuarenta y muchos ya… Y hoy me he vuelto a sorprender a mí misma al reconocer que no quiero hacer daño a alguien que me rompió el alma en pedazos hace años. Mi objetivo en esta vida no es dañar a quienes ya no quiero en mi vida —confieso que tampoco soy tonta (bueno, un poco sí, no nos engañemos) y no quiero volver a tener en mi vida a personas que me han lastimado—, pero quizás ya me he perdonado a mí misma y, de la misma manera, he conseguido perdonar a quien tanto me dañó.

Debe ser cosa del nuevo año, del nuevo comienzo, del nuevo enero, del nuevo cumpleaños o de la vieja experiencia… Aunque también debe ser cosa del yoga.

Publicado por Aroma de letras

Aprendiz de escritora. Adoro el chocolate caliente, la playa y los libros que me hacen reír o llorar a partes iguales. 📚Escribiendo: «Valiente Elena» 🌍BCN ©️

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